En un área protegida donde también viven comunidades, conservar implica saber qué está ocurriendo en el territorio y poder actuar cuando aparece una amenaza.
En el Refugio de Vida Silvestre Xutilhá, en el sur de Petén, la participación comunitaria se ha convertido en una herramienta importante para fortalecer esa capacidad de observación y respuesta. A través del proyecto de fortalecimiento a la conservación del Refugio, comunidades locales, el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP), la Municipalidad de San Luis, fuerzas de seguridad, Asociación Balam, Grupo HAME y otros actores locales, han articulado esfuerzos para contribuir a la conservación, restauración y gestión de la biodiversidad de la zona.
A través de recorridos comunitarios no solo se identifican amenazas, sino también generamos información que permite conocer el territorio y apoyar la toma de decisiones para su resguardo.
Anteriormente se realizaban jornadas de vigilancia ambiental por parte de las autoridades locales, pero entre 2023 y 2024, gracias al proyecto se incorporó progresivamente el monitoreo por parte de los vecinos. Durante ese período se realizaron cuatro recorridos de observación, distribuidos entre época seca y lluviosa, que generaron 441 avistamientos a 145 especies de insectos, anfibios, reptiles, mamíferos, plantas y aves.
Los registros permitieron, además, identificar especies incluidas en distintas categorías y mecanismos de conservación, entre ellos los listados de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y CONAP, quienes se enfocan en asegurar la conservación de la biodiversidad y regular el comercio de vida silvestre. De esta manera, una misma salida a campo podía aportar información tanto sobre posibles amenazas como sobre la biodiversidad que se busca proteger.
Una presencia cada vez mayor
Durante 2024 y 2025, las comunidades realizaron 214 recorridos de vigilancia y cubrieron aproximadamente 1,627.1 kilómetros dentro de las áreas donde se tiene presencia. Estos monitoreos contribuyeron a identificar amenazas como tala ilícita, cambios de uso del suelo, posibles usurpaciones e incendios forestales, fortaleciendo la presencia comunitaria.
En 2025, el proceso avanzó hacia una mayor sistematización. Ese año se realizaron 144 recorridos comunitarios, de los cuales 98 fueron registrados en la plataforma SMART de CONAP. En conjunto, representaron 1,092.46 kilómetros recorridos y la participación de 80 personas organizadas en tres comisiones comunitarias. El uso de esta herramienta digital permitió convertir parte de lo observado durante los recorridos en información georreferenciada y trazable, útil para identificar patrones y orientar mejor las acciones de protección.
La vigilancia también se complementó con medidas físicas de prevención. Se mantuvieron 46.34 kilómetros de brechas utilizadas para facilitar el reconocimiento de los límites y contribuir a la prevención y control de incendios forestales.
Del monitoreo de amenazas al conocimiento de la biodiversidad
Uno de los cambios más relevantes del proceso ocurrió cuando durante los recorridos se comenzó a observar el terreno no solamente desde la perspectiva de las amenazas, sino también desde aquello que se buscaba proteger.
Durante 2025 se reportaron 86 registros de fauna y flora en la plataforma SMART, y el 87 % de los recorridos comunitarios registrados incluyeron al menos un avistamiento de vida silvestre. Esto permitió ampliar la mirada para no preguntarnos únicamente qué amenaza estaba ocurriendo, sino también qué biodiversidad estábamos encontrando y dónde.
Así, los recorridos comunitarios comenzaron a cumplir una doble función: apoyar la detección de amenazas y generar conocimiento sobre las especies presentes en el lugar.
Los datos también refuerzan el trabajo en equipo
La respuesta frente a las amenazas ha requerido coordinación entre comunidades e instituciones. En 2024 se establecieron mesas técnicas para atender incendios y realizar operativos de vigilancia, con participación de CONAP, la Municipalidad de San Luis, CONRED, fuerzas de seguridad, comunidades y Asociación Balam. Esto propició que la vigilancia comunitaria formara parte de una red más amplia de respuesta, en la que una observación realizada pudiera conectarse con capacidades institucionales de atención y control.
El valor de este proceso no está únicamente en la cantidad de kilómetros recorridos o de registros obtenidos. Su importancia está en la capacidad que las comunidades han desarrollado progresivamente para observar, documentar y comunicar lo que ocurre a su alrededor.
Los datos disponibles todavía no permiten afirmar que el monitoreo comunitario haya provocado directamente una reducción específica de las amenazas. Sin embargo, sí muestran un fortalecimiento de las capacidades locales para detectar cambios, registrar información y coordinar respuestas.
En Xutilhá, trabajar juntos y conocer mejor el campo son grandes herramientas para proteger la naturaleza.