Conservar el bosque también implica generar oportunidades
Cuando pensamos en conservación, muchas veces imaginamos una porción de tierra que simplemente debe mantenerse intacta. Sin embargo, la realidad de las áreas protegidas donde viven comunidades es más compleja. Además de cuidar la biodiversidad, es necesario tomar en cuenta que las familias que habitan estos territorios necesitan trabajar, producir y generar ingresos. Ese es uno de los retos que encontramos en Xutilhá, en el sur de Petén: buscar un equilibrio entre la protección del bosque y las necesidades económicas y sociales de las poblaciones locales.
En Grupo HAME participamos en un proyecto de conservación que se desarrolla en esta reserva natural, en coordinación con Asociación Balam y Fundación Solidaridad. La iniciativa busca fortalecer la protección y restauración de los ecosistemas y, al mismo tiempo, generar condiciones para que las comunidades cercanas encuentren alternativas económicas compatibles con la conservación.
Uno de los primeros pasos fue vincular la protección del bosque con mecanismos económicos formales. En 2022, aproximadamente 1,075 hectáreas se incorporaron a programas de incentivos forestales (apoyos económicos del gobierno que recompensan a propietarios de tierras por sembrar, proteger y manejar los bosques de forma sostenible), lo que generó beneficios económicos para las comunidades durante la vigencia de los proyectos.
Para 2025, el proceso había alcanzado 1,083.14 hectáreas de bosque natural bajo manejo forestal, con un impacto económico aproximado de Q4.15 millones asociado a ingresos derivados de este manejo.
El dato refleja un cambio importante en la manera de relacionarnos con el bosque, porque su valor no depende únicamente del aprovechamiento directo de los recursos provenientes de él. Su protección y manejo responsable también pueden generar beneficios económicos para las personas que viven en el territorio. Pero conservar un área también requiere ampliar las alternativas económicas disponibles para las familias. Por eso, el proyecto incorporó iniciativas productivas y sistemas agroforestales, una forma de producción que combina árboles con cultivos u otras actividades productivas en una misma área, buscando aprovechar el terreno sin dejar de proteger sus funciones ambientales.
En 2023 se impulsaron tres iniciativas que beneficiaron a 54 familias. Un año después, estas actividades alcanzaron ventas estimadas en Q216,280. Para 2025, tres grupos de mujeres y cinco familias ya desarrollaban emprendimientos de manera independiente, a partir de las capacidades fortalecidas durante el proceso.
El trabajo también ha incluido la recuperación de áreas degradadas. Durante el primer año se reportaron 137 hectáreas con prácticas de restauración. En 2024 se brindó asistencia técnica a 250 proyectos de manejo forestal, equivalentes a 1,130 hectáreas, y para 2025 se habían establecido además 60 sistemas agroforestales.
Por ese motivo, conservar no significa únicamente proteger el bosque que todavía permanece. También significa recuperar áreas que se han deteriorado y construir alternativas productivas que ayuden a disminuir la presión económica sobre los recursos naturales. La experiencia desarrollada en Xutilhá muestra cómo la protección, la restauración y la generación de medios de vida pueden comenzar a reforzarse entre sí.
Para quienes trabajamos alrededor de la sostenibilidad, este aprendizaje es especialmente importante. La permanencia de un bosque en el largo plazo también depende de que las comunidades encuentren valor económico y social en conservarlo.
La conservación, entonces, no se mide únicamente en hectáreas protegidas. También se construye creando condiciones para que las personas puedan crecer y generar oportunidades sin que ese desarrollo signifique perder el territorio que las rodea.